Ninguna regla es rígida cuando se trata de humanos. Ya
sabemos que el fenómeno humano trastoca
cualquier prospectiva que realicemos. Es cierto, no obstante, que hay conductas
previsibles y tendencias expectables. Si bien esto pertenece al terreno de las
especulaciones que parten de los observadores de la sociedad, tenemos otras
reglas o, mejor dicho, códigos que no secretos pero poco difundidos en su real
dimensión.
Se trata de las “cadenitas en los tobillos”.
Las que conocemos el código, sólo las usamos cuando
estamos dispuestas. Si no, las dejamos en la caja de la bojouterie para mejor
ocasión.
¿De qué se trata?
Es una especie de “señal” que lanzamos a los hombres. De
todos modos, aunque ellos no conozcan ese código, cuando nos ven con cadenita
en el tobillo ya se predisponen mejor. Como si ésta fuera el sello de lo dicho:
estamos dispuestas.
Claro que es así, muy dispuestas. Pero las casadas
somos las que emitimos tal señal.
En efecto, el código en sí alude a que si una casada
sale a la calle con una cadenita en el tobillo está diciendo que: 1. está muy “húmeda”
; y 2. que tiene marido y que éste es un satisfecho cornudo sin saber que lo
es.
Las puristas de este código señalan que sólo se emite ese mensaje si la cadenita
está en el tobillo derecho. De todas maneras, sea el izquierdo o el derecho,
la señal a los varones circundantes es, siempre, muy eficaz. No porque la
totalidad de ellos sepan de qué se trata sino que, por experiencia, asocian esa
cadenita con acceso libre.
¡Y no les falta razón!
¡Gracias por su visita!
Soledad FAB
Cualquier comunicación puede remitirla a sotano umbroso
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